lunes, 13 de junio de 2011

Donde yo termino y tú empiezas

"Where I end and you begin"
Natalia Castillo Verdugo. Dibujo digital, 2010. 



Texto incluido en la antología "Letras Capitales" (Bogotá, Común Presencia Editores, 2010)



Hacía meses que no se veían. Él se enteró de que Ella se estaba quedando sorda y la llamó. Le propuso que se vieran, que tenía el remedio para sus problemas de oído. Ella aceptó.

7: 00 p.m.
Es sábado, en la calle todos están despiertos. La música escapa de los bares y seduce. Él le propone que vayan a tomar algo. Ella acepta. Caminan y la ciudad parece una adolecente inquieta. Entran al bar: cocteles 2x1. Piden un Tom Collins. 2x1 = 2 y Él le recuerda que la quiere. 2x1 = 2 y Ella se sonroja. Piden otra ronda. 3 Tom Collins y Él siente deseos de besarla, se lo dice. 4 Tom Collins y Ella hace como que no escucha. 
9: 00 p.m.
Ella quiere irse.
Salen y a su lado alguien asegura que a la ciudad la custodia una Virgen desde la montaña. Se oyen risas.
La noche se inunda de piernas de niñas sueltas corriendo tras la  música, el alcohol y los cigarros.
La estación del bus está vacía, nadie va a casa.  
9: 10 p.m.
—¿Y cuál es el remedio? —pregunta Ella.
—Vamos a un lugar que esté solo y en silencio.
— ¿Qué?
—U n   l u g a r   q u e   e s t é   s o l o   y   e n   s i l e n c i o.
— ¿Qué?
—¡U N   L U G A R   Q U E   E S T É   S O L O   Y   E N   S I L E N C I O!
—Entiendo, vamos. ¿A dónde vamos?
9: 15 p.m.
Se alejan del centro. Van hacia los cerros, cuando están juntos la ciudad nunca los ha asustado. Pero Él cree ver sombras y se asusta. Le dice a Ella que tiene miedo. Al voltear la esquina corren.
Al final de la calle está el edificio: lo reconocen. Entran, se ocultan.
 Allí se vieron por primera vez, hace 2 años, cuando a Ella las lucecitas de navidad le adornaban la tristeza que por aquella época siempre la embarga. Él estaba abatido, con la chaqueta roja. Se inauguraba una exposición de arte, había mucha gente, uno que otro famoso y todos observaban a Frida Kahlo, que esa noche había llegado a la ciudad.
Cada uno estaba solo en la exposición, al salir fueron al mismo bar. Luego de una cerveza, Ella se acercó. Le preguntó: ¿Tú me odias?, y se vieron por primera vez a los ojos. Él dijo que no. Ella se sentó. Thom Yorke irrumpió en la conversación y los dos se dejaron llevar por “No surprises”. Ella supo que un día lo odiaría. 
Siguieron hablando. Compartieron su desprecio por los bodegones y su amor por la música existencialista. Odiaron a Botero, se entregaron a Degas y sus encantadoras bailarinas. Debatieron lo ineludible que es la arquitectura y la personalidad parishiltoniana que acosa a  las adolecentes de hoy. Recordaron a Saramago y su apocalíptica ceguera, el papel de Beethoven en la Naranja Mecánica, la dramática película dónde Andy es Modi, la astrología y, obviamente, a Frida Kahlo. Ahí, cuándo hablaron de Frida, Él supo que la amaría.
Salieron del bar y en una colina esperaron el amanecer. A pesar del deseo, esa noche Él no la besó. Sin embargo se sintió satisfecho: había encontrado a su Frida y ya nadie, ni ella misma, se la podría quitar.
Ella cerró los ojos y durmió un poco. Él la contempló y comprobó que aún era una niña. El sol se impuso y sin gran alarde se despidieron. Fríos, como si la noche que había terminado no importara, como si la luz les hubiese borrado la memoria…
9:30 p.m.  
El edificio está solitario, mudo. Entran por una puerta que los conduce hacia un pasillo oscuro, cruzan dos puertas más y se sientan en el suelo.  “U n   l u g a r   q u e   e s t é   s o l o   y   e n   s i l e n c i o”, repite Ella en su pensamiento.
Él le pide que cierre los ojos, que esté tranquila y aguarde unos minutos. Ella lo hace, siente un poco de miedo, se aprieta las manos y se cubre la cara. Él le introduce algo en los oídos y Ella siente una presión que no sabe si le molesta… Escucha ruidos que no reconoce, cree que Él habla, ¡no!, es una mujer que se acerca, que susurra, canta…
♪.♪ Quédate aquí, en mis brazos. Quédate aquí, para mí. Y no me digas que me amas, no me digas que me adoras, dime sólo que te quedas una vida junto a mí. Llévame por ahí, llévame en tus ansias a un lugar, donde ya no tenga que jurar, donde ya no tenga que mentir, donde sólo exista para ti…
Ella reconoce a la mujer. Es la otra Frida, la actriz de su película. Siente ganas de llorar, aguanta.
…Y no me preguntes si te quiero, que no te preocupe lo que pienso, que yo soy completamente tuya, a mi manera… ♪.♪
Las lágrimas brotan.
Ella abre los ojos y lo ve. Él aguarda por su reacción. Ella quiere salir de allí pero Él la detiene. Ella lo abraza, le coge la cara con fuerza, intenta ver sus ojos en la oscuridad y siente deseos de besarlo. Lo intenta, pero no puede mover los labios. Se conforma con acariciar su boca. Él la toma por la cintura y la aprieta cada vez con más fuerza. Escuchan pasos, se separan, se levantan y se esconden tras un muro.
Voces se acercan.
Ella cierra los ojos y recuerda…
—El resplandor existe. No todo es la noche y su oscuridad absoluta…
Desea salir de allí. Se asoma por una ventana y ve la cúpula de una capilla que se impone: la luna, la niebla, el frío. Él de nuevo la toma por la cintura y la arrincona contra la pared, la besa, la muerde. Él ya no tiene miedo.  Ella se entrega, suelta las manos y cae. Él la sigue. Ecos moribundos los acosan, pero Ella sólo escucha a la otra Frida que insiste…
♪.♪…Pero a cambio quiero ser tu sueño, ya no me conformo con tus besos, quiero darte todo lo que siento y más que eso…
…la luna eclipsa el elixir de sus senos.
Abre los ojos y piensa que quizá lo ama, que en ese instante podría morir, satisfecha. Las voces se extinguen, los ecos, y de nuevo están solos. La voz de la otra Frida se aleja…
♪.♪…Quédate aquí, en mis brazos. Quédate aquí, para mí. Y no me digas que me amas, no me digas que me adoras, dime sólo que te quedas una vida junto a mí.
... se desvanece.
Da paso a otra canción, a una voz varonil.
Él besa su vientre, sus caderas, sus piernas, su espalda: ritual que hace de su cuerpo un monumento. Y sigue: la toca, la muerde, la rasguña, insiste, se detiene en su cuello, le susurra. Ella es de Él y al oído le repite las frases que el hombre de la canción pronuncia:
♪.♪.  Estoy en lo alto de las nubes. Y no puedo bajar. 
Puedo mirar y no puedo tomar parte
Donde yo termino y tú empiezas
Donde tú me dejaste solo.
Me dejaste solo
La luna se impone sobre sus cuerpos, definitiva. Cada uno reclama su ausencia y la satisface. La canción se acalla.
Él pone un estetoscopio en su corazón y acomoda en los oídos de Ella las olivas, para que escuche. Ella escucha y reconoce que Él aún la ama. La música vuelve y se mezcla con los latidos. Ella vuelve a cantar… 
♪.♪. Lo siento por nosotros…
Los dinosaurios vagan por la tierra
Y el cielo se vuelve verde
Donde yo termino y tú empiezas.
Las voces regresan. Ella siente miedo y recuerda que lo odia. Intenta levantarse pero Él la detiene. Ella siente que la angustia la penetra, intenta gritar y no puede. Se desespera, confunde los sonidos, se quita el aparato de los oídos. Lo mira a los ojos y le pide que la suelte. Él no atiende su pedido. Dice: Juraste que por siempre entre nosotros todo sería real. Y, abrazándola, le susurra: “Aguarda, es la única manera de que el remedio sea efectivo”. Le pone otra vez las olivas y le pide que lo deje cantar a Él…
♪.♪ Te voy a comer viva, te voy a comer viva…
No habrá más mentiras.
Te voy a comer viva, te voy a comer viva…
La luna ilumina sus ojos. Un último beso. Una última frase que resonará eternamente en Ella, en Él, en las paredes, en ese pasillo, en aquel edificio, y termina la canción...
♪.♪ Por ti me desangro, por ti me desangro, me desangro hasta secarme…
            La niebla cubre la luna. La lista de reproducción termina. Se hace el silencio. Él y Ella cierran los ojos y, abrazados, yacen. 
3:25 a.m.
La llamada informó de gritos, de voces y de sombras extrañas. La policía entra al lugar. Dos agentes hablan sobre el caso:
—No tendrán más de 20 años. Él se la comió completa, sólo le dejó los huesos. Ella apenas lo probó. Se encontró un cuchillo, un estetoscopio y un reproductor de música.
¿Había alguien más en el edificio?
—No, esto está abandonado hace meses.
— ¿Y para qué usarían el estetoscopio?
—No sé.
(…)

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